miércoles, 27 de junio de 2012

No todo es lo que parece, hasta que se vuelve lo que imaginamos

El monstruo de Frankenstein por fuera era feo y desagradable, pero su personalidad no tenia nada que ver con su aspecto físico. Él era sensible, capaz de aprender muchas cosas, inteligente y aunque no se crea, el tenía mucho amor para dar. Siempre que pudo hizo tareas para beneficiar a otras personas pero al darse cuenta que sus respuestas eran ofensivas, violentas y agresivas al ver su aspecto, decidió terminar con su bondad y se dedicó a ser tan malo como su aspecto.
Al principio, cuando vivía en Alemania escondido cerca de la casa de un señor llamado De Lacey, él era feliz, hacia algunas tareas para ellos como recoger maderas, para que el hijo no tenga que pasarse el día haciéndolo. Pero al presentarse frente a la familia a la que él había ayudado, lo echaron violentamente. Luego al ver a una nena ser llevada por el río no dudó en sacarla, pero de vuelta cuando el acompañante de la nena que él había salvado vió su aspecto, lo único que hizo fue dispararle y salir corriendo.
Todos sus actos de bondad fueron rechazados, por lo tanto no tuvo otro escape más que tener una razón para ser despreciado.

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